Advertencia Parte 2

Advertencia Parte 2 - 1 Corintios 10:6-10Escuchar audio de esta predica CUARTA ADVERTENCIA: TENTAR AL SEÑOR. V.9: Tampoco deberíamos poner a prueba a Cristo /tentemos al Señor/ como hicieron algunos de ellos, y luego murieron mordidos por serpientes.

Pablo toma como referencia el pasaje de Números 21.:5-6: Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. 6 Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.

Donde el pueblo tras la victoria sobre los cananeos que los acercaban a la tierra prometida tienen una actitud de desánimo.v.4: Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino.

El Desánimo: es estar sin fuerzas para seguir adelante, es falta de ilusión o animo hacia alguien o para hacer algo.

Expresiones que solemos escuchar como: Dios no me toma en cuenta, ¿cómo Dios permite esta situación en mi o en mi familia?, estoy viviendo una situación difícil y a nadie le importa, ¿Señor dónde estás?, ¿estás conmigo o no? son las que evidencian que estamos en desanimo; porque bloquea nuestra mente que impide que actuemos según los principios que Dios ha establecido en su Palabra.

El desánimo es un pensamiento que destruye la esperanza, sin esperanza nos rendimos, que es exactamente lo que el diablo quiere que hagamos. Interfiere en la comunión con Dios y se termina abandonando la fe.

Esto fue lo que le sucedió al pueblo de Israel, se olvidaron de las victorias pasadas que el Señor les dio, su corazón no se llenó de agradecimiento y de fe sino insatisfacción.

La insatisfacción tiene que ver con la ausencia dos aspectos sumamente importantes en la vida de las personas: la primera es la gracia como favor inmerecido de Dios a nosotros a través de Cristo y tiene que ver con nuestra relación con Dios soberano. La segunda es la ayuda divina que Él nos da a través del Espíritu Santo y tiene que ver con nuestra relación de dependencia con Dios diaria.

Unidas estas dos motivaciones surge el tentar al Señor, es un asunto serio, ya que esta generación puso a prueba para ver como Dios respondería colocándole límites a su acción, como para probar su paciencia y poder.Sal.78:41: Y volvían y tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel. El señor Jesús dijo en Mt.4:7: escrito está - No tentarás al Señor tu Dios.

El tentar a Dios es cuando no tenemos ningún medio para sostenernos a nosotros mismo al punto de creer de que Dios nos ha abandonado.

Este llamado de atención que Pablo nos dice es para que nuestra fe crezca en medio de las circunstancias que podamos estar viviendo siendo de ánimo pronto, perseverantes, creyendo que Dios es Todopoderoso, que está con nosotros, que las dudas se disipan porque nos ama. No somos de los que esperamos o exigimos que Él se manifieste cuando se lo ordenamos de manera espectacular, NO, somos de aquellos que tenemos un corazón humilde, dispuesto, obediente, porque sabemos que nuestro Señor tiene cuidado de nosotros. Nunca nos abandona, Él es FIEL.

Dios no tiene que demostrarle nada a nadie, al contrario, somos nosotros los que debemos demostrarle a Él con nuestra fe que Él existe.

QUINTA ADVERTENCIA: MURMURACION. V.10: Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.

En la Biblia la murmuración es enérgicamente condenada, vigorosamente repudiada, categóricamente rechazada. Al leer el Antiguo testamento se descubre que este pecado tuvo trágicas consecuencias en el pueblo de Israel.

El Murmurar es quejarse, que tiene el sentido de hacer observaciones o ruidos quejosos en voz baja, o sea, hacer una queja verbal en contra de otro, ya sea propio o impropio. Es una conversación de descontento en privado.

Cuando se murmura lo que denota es la actitud de oposición violenta y tenaz a lo prescrito o sólo establecido. Es desobediente, obstinado, gente de corazón fluctuante, cuyo espíritu no se mantuvo fiel a Dios, de hecho los Israelitas fueron llamados "murmuradores" y "rebeldes" Y Jehová dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de delante de mí, para que no mueran. Nm.17:10.

La murmuración se da por la rivalidad (tiene que ver con el enfrentamiento entre dos o más personas conseguir el mismo fin) y la arrogancia (altanero, alguien que tiene un excesivo orgullo que cree

y exige más derecho que los demás) esto lo vemos en Números 16:41: El día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Jehová donde se narran la doble rebelión contra la autoridad de Moisés y Aarón en los versos 41-50 donde la gente se queja del castigo impuesto a los rebeldes y se desata una plaga contra ellos que cesó cuando Aarón hizo expiación por el pueblo.

La murmuración fue directa ofensa a la soberanía de Dios, por ello Dios mismo sale ante esa ofensa.

¿Qué reflejan las murmuraciones?
 
I. EL QUE MURMURA SUFRE DE AMNESIA ESPIRITUAL Una mirada detenida a la actitud quejosa de los israelitas nos revela que ellos no estaban preparados para pagar el precio de la libertad. El largo período de esclavitud que vivieron los hizo ser un pueblo con una mentalidad de esclavos. Se ha dicho que la "esclavitud deshumaniza, y sus víctimas pronto pierden su voluntad para resistir". A los israelitas les pasó como la persona que toda su vida ha estado en un solo lugar, no teniendo más otra gente que la suya ni otras cosas sino con las que siempre vivió, pero cuando es sacado de allí, aun cuando el otro lugar sea mejor que el suyo, siempre querrá regresar a casa. Las murmuraciones de Israel nos revelan a un pueblo que sufría de amnesia.

La amnesia se define como la pérdida parcial o total de la memoria. Ellos fueron testigos oculares de hechos y milagros nunca antes visto por persona alguna. Tenían pruebas indubitables acerca de un Dios Todopoderoso. Habían visto cómo este Dios quebrantó el poder del Faraón, el más temido para esa época. Tenían todavía fresco el canto que dedicaron a Dios como el "varón de guerra", sin embargo todo eso se les olvidó a la hora de satisfacer sus necesidades materiales. El versículo 3 de este pasaje es elocuente cuando nos habla de la murmuración que el pueblo hizo cuando se dio cuenta que la comida que habían traído se les estaba agotando, así se quejaron: "Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para morir de hambre a toda esta multitud". Con estas osadas palabras, ellos recordaron las delicias sensuales de Egipto, pero se olvidaron del látigo inclemente que laceró sus espaldas durante tantos años y la angustia que producía el tener que amasar el barro para preparar los ladrillos con los que el Faraón construyó ciudades. Cuando tuvieron hambre recordaron más a sus amos esclavizantes que a su Amo libertador. La supervivencia en el desierto les llevaba de inmediato al Egipto de la abundancia, donde podían comer pescado de balde, pepinos, melones, puerros, cebollas, y ajos (Nm.11:5)

La murmuración le da más crédito al diablo que a Dios. Pero una verdad debe quedar claro en esta actitud de los israelitas: cuando la tentación de murmurar venga a la vida, sería apropiado recordar que en el pasado Dios nos trató con amor redentor y que en el presente nos trata con la bondad de su provisión.

Es cierto que no podemos tener todo lo que se quiere, pero esto debe producir el gozo del contentamiento de acuerdo a Filipenses 4:11. El Señor sabe que tenemos de necesidad de todas estas cosas, y suplirá siempre "según sus riquezas en gloria" (Fil. 4:19)

Cuando el deseo de murmurar sea el que más prevalezca en la vida, recordamos lo que dice el Salmo 103:1-5. No dejemos que la amnesia espiritual obnibulise (desconectar hacer oscuro) todo lo que Dios ha hecho por nosotros. A esta primera murmuración Dios les respondió enviándoles codornices y el maná del cielo v.12-14
 
II. EL QUE MURMURA SUFRE DE MIOPÍA ESPIRITUAL El diccionario define a la miopía como el "defecto óptico caracterizado por la falta de visión clara de objetos distantes".

Así, pues, una persona miope no puede ver más allá de lo que alguien normalmente vería. Eso era el otro problema que evidenciaba el pueblo de Israel cuando se daban a murmurar a Moisés y el Señor. A ellos les costaba ver que detrás de las apariencias de las cosas se escondía la presencia poderosa del Señor. En su miopía, ellos creían que podían echar toda la culpa de la falta de pan o de agua a Moisés.

¡Total, él fue quien les dijo que salieran de Egipto por mandato de Dios! Como quiera que sea ellos veían en Moisés el responsable por sus necesidades. Sobre él concentraron todas sus palabras, quejas, reacciones negativas. Sin embargo, aunque sus murmuraciones iban dirigidas a Moisés, al final eran contra Dios. Esto formaba el grado de su miopía. Pero Dios, quien todo lo oye así como todo lo ve, respondió de una manera rápida y directa a sus quejas diciendo: "Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová" v. 8. Una cosa era muy cierta, Moisés no podía alimentar tan enorme congregación. Al igual que ellos, la comida que había traído de Egipto ya se le estaría acabado también. De manera que sus agresivas quejas contra el siervo de Dios eran injustas e innecesarias. Pero esto prueba la tendencia del corazón del hombre. Cuando hace falta algo es muy natural echarle la culpa a lo que está más cerca de nosotros que ver más allá de las eventuales salidas. Dos cosas se ponen de manifiesto respecto a la murmuración de los israelitas. Por un lado, no hay murmuración que se haga que no sea oída por Dios. ¡No nos engañemos, hermanos, Dios no sufre de sordera como algunos de nosotros! Si las oraciones que le presentamos son como el incienso que se quema en el altar de su presencia, las murmuraciones que salen de nuestros labios se han quemado en el altar de nuestro enemigo. Pero también hay que señalar que la murmuración que se hace contra otra persona, tiene como fin murmurar contra el mismo Dios. Dios no dudó en decirle esto a Moisés cuando escuchó el torrente de quejas que salían de toda la multitud. Y contra esa murmuración Dios responde dándoles comida hasta saciarse. Ahora bien, ellos no necesitaban carne, pues con el maná era suficiente por ser delicioso y muy nutritivo, sin embargo de todas maneras lo exigieron y el Señor les mandó codornices, que engulleron hasta enfermarse!

El salmista resalta este detalle: "¡Les dio lo que pidieron; mas envió mortandad sobre ellos!" (Salmos 106:15) La murmuración tiene la misión de oscurecer nuestra visión de modo que veamos más lo que hace falta que las bendiciones reservadas. El murmurador tiene una vista muy corta. La advertencia de la Biblia respecto a la murmuración es clara, más aun tomando en cuenta este ejemplo. Así nos dice: "Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el poder del destructor" (1 Co. 10:10)
 
III. EL QUE MURMURA TIENE UNA FE MUY CORTA Las murmuraciones revelan el pecado de la desconfianza. En el caso de Israel, es cierto que pasaron por muchas dificultades, pero eso no se convirtió en el verdadero motivo de sus quejas. Ellos llegaban una y otra vez a esta situación debido a su incredulidad. En sus mentes no cabía la posibilidad de que Dios fuera suficiente para sostenerles con agua, alimento y vestido una vez que dejaron Egipto. Apenas les faltaba un día el sustento ya estaban murmurando. Mientras Dios hacía milagros y portentos, Él era bueno y lo alababan por sus hechos poderosos. Pero al sentir que les fallaba algo convertían la alabanza en quejas. ¿Seremos nosotros distintos a ellos? ¿Tendremos la capacidad de resistir la tentación de murmurar o quejarnos aunque algún día no veamos pan en nuestra mesa? ¿Le pondremos bozal a nuestra boca para no hablar en contra de otro? Con mucha frecuencia somos invadidos de temores, y nuestros pensamientos se llenan de malos presentimientos cuando faltan las cosas elementales. ¡Cuánto necesitamos nosotros aprender a confiar en el Dios de toda provisión! Si tan solo viéramos sus promesas, tan ciertas y seguras, no seríamos impulsados a la murmuración. Alguien dijo que "cuando la gente se queja, murmura y rezonga por lo que no tiene, en vez de apreciar las bendiciones que recibe, Dios pierde las ganas de darle otra cosa".

El desierto se ha relacionado siempre con un lugar de pruebas. Representa para el creyente las distintas etapas donde es sometida su fe con el propósito de hacerle dependiente del poder y la gracia divina. Jesucristo también fue llevado al desierto. Allí pasó cuarenta días sin comer, pero él fue tan diferente de esa vida de murmuración que vivió Israel. Él no se quejó ni un momento. Con su paciencia divina nos ha dicho que la murmuración es una falta de confianza en el Dios que puede poner mesas en el desierto. Al pueblo de Israel se le tapó la boca de la murmuración con la continua comida venida del cielo mismo. Tenemos que admitir que ninguna otra comida pudo ser mejor que aquella. El salmo 78:25 nos dice que "Pan de ángeles les dio el Señor". Se dice también que era un alimento diario, eso significa una provisión continua: "Lo recogían cada mañana... y luego que el sol se calentaba, se derretía" v.21. Hubo entre ellos algunos que seguían desconfiando de la provisión y guardaron para el siguiente día, pero con la mala experiencia que apestaba para ser comido v. 20. Esto nos sigue diciendo que a pesar de lo que Dios haga por algunos, nunca estarán satisfechos o contentos. La oración del Padre nuestro nos recomienda a decir el "pan nuestro de cada día dánoslo hoy". El corazón incrédulo murmura pase lo que pase, pero el corazón lleno de fe alaba al Señor a pesar de las circunstancias.

Que Dios nos ayude, pues, a ser creyentes alegres y no quejumbrosos. No le cedas terreno al Diablo bajo ninguna circunstancia, y cuídate de andar lamentándote y difundiendo las dudas del enemigo.

CONCLUSION:

El Apóstol Pablo deja escrito estas advertencias para que nosotros como hijos amados, escogidos de Él no la pasemos por alto. A la final lo que reflejan estos pecados es la incredulidad de nuestro corazón que atentan contra Su Poder y su Veracidad.

Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. He.10:3
 
Pastora: Myriam Vargas
Diciembre 3 de 2017

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